¿A dónde te llevan los sueños? La valentía de Anabell Rego

Tan solo con pronunciar la palabra Canaima se le ilumina el rostro. Y así con una sonrisa que no se marchita, Anabell Rego nos cuenta su andanzas hasta llegar a uno de los lugares más icónicos del sur de Venezuela.

CON LOS PIES EN EL CIELO

En enero del 2021, Anabell se entera que todas las posibilidades para viajar se han materializado gracias al servicio de Soco Adventures. La oportunidad apareció en la mejor época para visitar. Con su boleto y su prueba PCR en mano, sabe que no hay nada de qué preocuparse. 

El día previsto aborda su avión en Maiquetía. La nave despega junto a su corazón de aventura. Un sueño hecho posible gracias a la confianza que tiene en su capacidad para crear su propia realidad. En esta travesía nada es casualidad.

Al llegar al aeropuerto de Canaima, el espíritu intrépido de Anabell no se contiene. Aunque disponía de un servicio de transporte desde la pista de aterrizaje se anima, junto a otros dos viajeros (Nordys y Carlos), a transitar cómodamente un camino hasta la posada. Esa caminata les sirvió para reconocerse mutuamente como espíritus afines que buscan “experiencias emocionantes”.

Al llegar a Tapuy Lodge, Anabell distingue el encanto del “único establecimiento de la zona con una dueña que forma parte de la comunidad indígena local” llamada kamarakoto. Esta posada sin grandes lujos tiene como atractivo un caney ubicado a la orilla de la Laguna Canaima desde donde “se puede disfrutar la vista privilegiada de algunos pequeños saltos que la bordean”. Aquí todo se siente como caminar en el cielo.

Con un paquete de cinco días y cuatro noches, Anabell sabe que es vital aprovechar cada momento. Tan pronto llega se embarca en su curiara y junto a sus nuevos compañeros de viaje aprovecha conocer los saltos El Sapo y El Hacha, esas caídas de agua ubicada en las cercanías de la laguna.

HACIA EL KEREPAKUPAI VENA

El nuevo día comienza para Anabell con la travesía desde el puerto Ucaima hasta los rápidos de Mayupa, donde el grupo de excursión desembarca para caminar, en una explanada. Anabell, descalza y aventurera, siente en sus pies la tierra como arena suave. Luego navegando en las aguas del río Carrao llegan hasta la Isla Ratón. 

Allí comienza una caminata emocionante de 45 minutos a través de un sendero selvático hasta el mirador Laime. Es como transitar un túnel vegetal que no deja ver el cielo, y al final el horizonte se abre y puedes escuchar imponente el sonido del agua cayendo. “Yo me subí a una piedra y me recosté”, “Dan ganas de llorar de la emoción”. 

Luego es necesario descender durante otros 30 minutos hasta la base del salto donde se puede disfrutar del pozo. Para Anabell, se animó rápidamente a sumergirse en las frías aguas que descienden desde lo alto del tepuy. Allí, amante de la adrenalina, también logró escalar alguna que otra roca en las orillas en busca de una vista fuera de lo común. El sueño se ha convertido en una realidad que supera cualquier imaginación. Para ella, el imponente salto, emociona y estimula de una manera que es imposible de describir.

Al regreso, Anabell junto a su grupo, durmieron en la Isla Ratón. “Aquí probé la mejor comida del viaje, el pollo embarazado”, es decir, una especie de pollo en vara y a la brasa. Pero ninguna experiencia nueva es ajena a ofrecer retos: “En la noche, me costó mucho conciliar el sueño porque nunca había dormido en una hamaca y tuve que aprender que hay que poner el cuerpo en diagonal”. Una experiencia que le servirá toda la vida, pues en destinos playeros la hamaca es una forma fresca y cómoda de descansar.

LA MARAVILLA DE LO PEQUEÑO

En todos los trayectos, los guías aprovechan para hablar de las historias que han acompañado estas tierras. Los relatos están llenos de espíritus guardianes, seres inmortales y eventos sobrenaturales. De aquellos días, Anabell recuerda con delirio las sensaciones de visitar los pequeños pozos, Felicidad y Azul, y los saltos El Hacha, El Sapo Wadaima, Golondrina y Ucaima. 

En todos los lugares, “El agua está fría pero tan llena de energía que no importa”, cuenta Anabell cuando habla de esos chapuzones revitalizantes que hizo “¡Todo me da felicidad! Y por eso cualquier charquito que veía allí estaba yo lanzándome”. Para ella, todo está vivo en esta tierra y lo experimenta con plenitud. Sueño y realidad se funden en una misma experiencia.

Quien se arriesga a experimentar vive para contar sus aciertos y desaciertos. Anabell, aguerrida como es, se atrevió a ponerse de pie en el extremo delantero de la curiara en movimiento, y en un acto de liberación, soltarse de cualquier abrigo y extender sus brazos. La emoción duró poco y fue a dar al agua logrando asirse de una cuerda. Sin importar la caída, la alegría fue extrema cuando los guías le permitieron nadar un poco por el río con la excusa de “buscar su gorra”. Da gusto ver cómo se le ilumina la cara cuando dice: “Cumplí mi sueño de nadar por el río”.

Otro momento especial, con los pies en la tierra y bicicleta en mano, Anabell junto a Nordys y Carlos, pasean por toda la comunidad de Canaima conociendo el pueblo pasando por la pista de aterrizaje “hicimos una carrera por toda la pista, pero no sabíamos en qué nos metíamos porque era tan larga que en un momento nuestras piernas ya no respondían” para finalizar el recorrido visitando todos los alojamientos de la zona. . Al final del día “pasamos por al frente de la capilla y presenciamos una misa recitada en pemón”. 

“Al día siguiente nos fuimos hasta Sakaikapá en nuestras bicicletas un camino de aproximadamente 1 hora para llegar, para luego bañarnos en sus agua y regresar por un helado, cada experiencia vivida me llenaba de energía y mucha felicidad”. Este es tipo de experiencia que Soco Adventure asegura también en otros destinos de Venezuela. 

Las experiencias que creamos en cada viaje dependen de nuestra voluntad y la historia de Anabell lo confirma. Ella se conectó con la audacia de la naturaleza, que avanza sin titubeos. Aquí la adrenalina corre por sus venas y el coraje de experimentarlo todo alimenta sus días. Así de valiente es ella.

Redacción/Copywriting: Alejandra Fernández